Las Elecciones No Derrotarán Al Fascismo, Solo Nosotros Podemos

Elections Won’t Defeat Fascism, Only We Can” | Oct. 1, 2020 | Translated by Colosio–

El Mayor Enemigo del Fascismo es y Siempre ha Sido un Movimiento Obrero Unido.

El mundo entero observa las próximas elecciones en los Estados Unidos. Mientras existen otras naciones imperialistas poderosas en el mundo posterior a la Guerra Fría, los Estados Unidos siguen siendo el centro de enfoque. La especulación sobre las elecciones afecta directamente el flujo y reflujo diario de la inversión en el mercado global, mientras los capitalistas consideran las oportunidades creadas por más de un millón de vidas perdidas durante el brote de Coronavirus y una mayor inestabilidad en el núcleo imperialista. Para los Estadounidenses, el primer mandato de la presidencia de Trump ha fortalecido enormemente a la derecha extrema, ha provocado la intensificación de la opresión de los inmigrantes y debilitado los derechos burgueses básicos como el derecho al voto. La violencia de la derecha contra las nacionalidades oprimidas no sólo ha continuado a través de las fuerzas represivas del estado, sino también a través del movimiento de la derecha extrema que está surgiendo en las sombras de Charlottesville. De varias maneras, estas elecciones dejarán una profunda huella en las vidas de todos los que viven en los Estados Unidos.

Hay muchos en la izquierda que han decidido que Trump debe ser derrotado y que apoyar a Biden es la medida lógica a seguir. No se puede negar que Trump debe ser derrotado y que su presidencia representa una grave amenaza para la clase trabajadora en los Estados Unidos. Pero ante esta situación de urgencia, no podemos negarnos a reconocer la simple verdad de que estas pólizas y movimientos fascistas han existido antes de Trump y seguirán existiendo, más fuertes que nunca, después de Trump. No hay necesidad de que Trump forme un grupo paramilitar cuando la ciudadanía reaccionaria ha sido cultivada durante generaciones para convertirse en esa fuerza. La policía ha estado saliéndose con la suya con la represión violenta de las nacionalidades oprimidas desde el principio. El estado Estadounidense, a pesar de toda su retórica sobre la libertad del ciudadano, no tiene ningún problema ejercer un gran poder autoritario cuando conviene a los intereses de la clase dominante, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Todos estos elementos existían antes de Trump, existen de forma terrible bajo el mandato de Trump y seguirán existiendo después de Trump.

Ningún grupo Comunista en los Estados Unidos tiene influencia a un nivel significativo sobre la opinión pública. Sin embargo, varias organizaciones han presentado sus endosos, comprometiéndose con la causa electoral. Existe pragmatismo detrás de esto, pero no mucho más. Incluso se podría argumentar que un grupo Comunista en los Estados Unidos respaldando a un candidato perjudicaría al candidato más que cualquier otra cosa Después de todo, los socialdemócrata odian a la izquierda radical, y a los comunistas en particular, mucho más de lo que odian a la derecha y al fascismo, el ataque contra la campaña del socialista demócrata Bernie Sanders lo demuestra.

Mientras las elecciones se ciernen sobre la vida política Estadounidense, desde las filas de desempleado, hasta los centros de detención de inmigrantes construidos por la administración de  Obama y Biden y convertidos en escenario de eugenesia y separación de familias por Trump, ha las residencias adineradas en las que tanto Biden como Trump centran en sus campañas, afirmamos que el eslogan de “derrotar a Trump” es insuficiente.

Como dijo Malcolm X en 1964, y cómo exclamaron los Bolcheviques en 1917, el voto puede ser una herramienta para los revolucionarios, una que no debe ignorarse. Pero nunca debemos, sobre todo ante el creciente poder del fascismo en los Estados Unidos, reducir nuestros lemas a los viejos juegos electorales de “estas elecciones son demasiado importantes”. Nuestras vidas como trabajadores están seriamente amenazadas por el resurgimiento de la violencia estatal y del lá  derecha como para negarnos a ver, como lo hizo todo el país durante el debate de esta semana, que salimos perdiendo en cualquier caso – a menos que surja un verdadero movimiento popular.

La Decadencia Hacia El Fascismo Estadounidense

En el tratamiento de cualquier trastorno, es necesario llegar a la causa fundamental de la enfermedad. Tratar los síntomas de la enfermedad, siendo importante, no constituye una cura y solo proporcionará un alivio temporal o parcial al paciente. Trump no es la enfermedad, es un síntoma de la enfermedad, un quemazón qué la enfermedad ha provocado. La enfermedad es el capitalismo. Pero identificar la enfermedad no es suficiente. También es necesario rastrear su patología.

El fascismo no es nada nuevo en la vida política Estadounidense. Desde la segunda generación del Ku Klux Klan de 1920, el Padre Coughlin, el Bund Alemano-Estadounidense y las Camisas Plateadas de 1930, pasando por el Partido Nazi Estadounidense de los 1960 y 1970, hasta la ultraderecha actual, las organizaciones e ideas abiertamente fascistas han tenido una presencia persistente en la escena política Estadounidense. Lo novedoso es cómo estos grupos y la ideología ultra reaccionaria que representan han pasado de estar en los márgenes y en la sombra a ocupar una posición central. Es evidente que la presidencia de Trump les ha servido de gran estímulo y les ha brindado más confianza.

Se debe destacar con firmeza que, mientras el fascismo se ha manifestado claramente y salido a la luz pública recientemente, las tendencias fascistas y el proceso de fascistización han sido una característica de la sociedad Estadounidense durante décadas. El fascismo es la crisis del capitalismo en decadencia. El fascismo es el uniforme que se pone un capitalismo que ya no es capaz de gestionar eficazmente la lucha de clases y de seguir gobernando “a la manera antigua”. Es la dictadura terrorista de los elementos más reaccionarios del capital financiero. Visto desde esta perspectiva, el fascismo en los Estados Unidos no es una cuestión de uno u otro grupo extremista marginal.Más bien, forma parte integral del desarrollo del capitalismo Estadounidense en su etapa final e imperialista.

La fusión del capital financiero monopolista con la maquinaria del Estado ha sido observada y comentada desde la década de 1950, con el concepto popular “complejo militar-industrial” asumiendo el dominio económico. En el ámbito social, ya lleva tiempo que se viene produciendo un proceso de militarización en la vida Estadounidense, con un nivel creciente de violencia y represión policial. En el ámbito social, desde hace tiempo se viene produciendo un proceso de militarización en la vida estadounidense, con un nivel creciente de violencia y represión policial. De hecho, la presencia policial en las comunidades de inmigrantes y en las comunidades de nacionalidades oprimidas está adquiriendo el aspecto de un ejército de ocupación. En el frente ideológico, los movimientos por los derechos civiles, las mujeres , el cambio social y los movimientos pacifistas de las décadas de 1960 y 1970 provocaron un retroceso conservadora que ha continuado hasta nuestros días. La presidencia de Reagan en la década de 1980 aceleró el intento de revertir muchas de las pólizas progresistas implementadas durante las dos décadas anteriores.En la década de 1990, tanto el Partido Demócrata, supuestamente progresista, como el Partido Republicano, abiertamente conservador, se inclinaron hacia la derecha. Esta tendencia hacia la derecha no ha disminuido, sino que se ha intensificado. Esto está arraigado en la propia estructura política Estadounidense.

Por lo tanto, Trumpismo debe considerarse como una parte, y una manifestación particular, de este proceso continuo y profundamente enraizado.

Los Crímenes Históricos Del Régimen De Trump

Sin embargo, en analizar y comprender esta historia, no debemos perder de vista los cambios y la intensificación de la actividad criminal llevada a cabo por el régimen de Trump. Los crímenes del gobierno de Trump contra el pueblo de los Estados Unidos son graves e innumerables. Su respuesta a la pandemia de COVID-19 ha sido un fracaso absoluto, priorizando los beneficios económicos por encima de la salud humana y desconfiando de los científicos y expertos en general, lo que ha provocado más de 200.000 muertes. El coronavirus ha afectado de forma desproporcionada a la población Afro-Americana, además de causar innumerables muertes entre los Estadounidenses sin cobertura médica, de los cuales más de 10 millones perdieron su seguro médico durante la recesión provocada por la COVID-19. Las cifras oficiales de desempleo en los Estados Unidos ascienden actualmente a más de 30 millones de personas, sin vislumbre de alivio, excepto un miserable pago de estímulo de 1200 dólares que apenas cubre un mes de alquiler y gastos para la mayoría de los ciudadanos estadounidenses. Su gobierno ha sido virulentamente racista y antiinmigrante desde el principio, y ahora se manifiesta en la póliza Estadounidense que arrebata niños de sus padres y los encarcelan indefinidamente en lo que no debe llamarse campos de concentración. Esta atrocidad se ve agravada por los recientes informes de histerectomías forzadas en estos campos de detención, lo que constituye un acto total de genocidio. El régimen de Trump ha supervisado una continua erosión de los derechos democráticos de a la libre expresión, lá asamblea y la protesta, mediante el uso de la brutalidad policial y los llamamientos a la violencia contra manifestantes pacíficos, la persecución de opositores políticos e intentando catalogar a las amplias fuerzas antifascistas y a los activistas de Black Lives Matter como terroristas por oponerse a la reacción de la derecha y luchar por los derechos civiles. Todo esto señala a un programa más amplio de supresión de la disidencia y de los derechos democráticos del pueblo.

Además, Trump ha dejado clara su intención de destruir y sabotear los vestigios restantes de la democracia burguesa, reteniendo intencionadamente fondos del Servicio Postal para sabotear el voto por correo, pronunciando discursos con falsas acusaciones de fraude electoral diseñadas para privar del derecho al voto a los Estadounidenses, instituyendo un bloqueo de los impuestos sobre la nómina con el fin de desfinanciar y desmantelar la Seguridad Social (perjudicando principalmente a los ancianos y a los trabajadores pobres), y declarando abiertamente que “negociará” para cumplir un tercer mandato, a pesar de las amenazas de juicio político y de los llamamientos a abolir el Colegio Electoral que le permitió ganar las elecciones de 2016. Todo esto forma parte de una clara estrategia de Trump para convertirse en un gobernante autocrático.

El gobierno de Trump está trabajando activamente para destruir lo que queda de los derechos humanos y la democracia constitucional burguesa en los Estados Unidos, así como para desmantelar los programas sociales de atención médica y educación pública, el derecho a la autonomía corporal garantizado por la sentencia de la Corte Suprema, Roe v. Wade, el derecho a la sindicalización, el salario mínimo y la protección de los trabajadores, y los derechos básicos de voto universal, al mismo tiempo abriendo el camino para que los ricos propietarios de monopolios y corporaciones se apoderen de la sociedad como nunca antes, sin mencionar que ignora y agrava los desastres naturales derivados de la crisis ambiental existencial del cambio climático. La opresión racista de los inmigrantes y el sabotaje de la democracia reflejan el fascismo del pasado. Todos los historiadores, todos los expertos, todos los supervivientes de regímenes autoritarios del pasado, todas las organizaciones de masas, todos los grupos de derechos humanos, todos los trabajadores pobres de este país y el resto del mundo coinciden en este punto fundamental: debemos estar preparados para detener la ascensión del fascismo en los Estados Unidos a toda costa.

Las Características Únicas Del Fascismo Estadounidense Y Nuestra Única Respuesta

Muchos comentaristas de la izquierda han tardado en reconocer esta progresión fascista en Estados Unidos desde 2016, porque conciben el fascismo como un movimiento ideológico racional y objetivamente identificable.

En 2016, cuando el Partido Estadounidense de Labor identificó a Trump como un profascista, fuimos atacados con frecuencia y acusados de reformismo por no criticar lo suficiente a Hillary Clinton. Izquierdistas y socialdemócratas nos atacaron por desplegar una pancarta que equiparaba a Trump con Mussolini.

Pero nosotros sabemos que el fascismo se ha manifestado históricamente de muchas maneras diferentes y tiene características propias en cada país donde se desarrolla. En lugar de una raza aria pura, tenemos una supremacía blanca más general, y en lugar del deseo fascista Japonés de un imperio en el Pacífico, tenemos el Excepcionalismo Estadounidense y la hegemonía internacional, apoyados tanto por el partido Demócrata como el partido Republicano. Sin embargo, todos estos conceptos, evidentemente Estadounidenses, tienen un tema en común: son manifestaciones anti racionales del deseo fascista general de instaurar una dictadura despótica de las fuerzas más chovinistas del país y del capital. Poco se puede hacer para convencer a un supremacista blanco, ya que toda su mentalidad se basa en el rechazo de la realidad, como lo demostró sin duda en el reciente debate. Debido a esto, el discurso político tradicional resulta insuficiente para derrocar al fascismo del poder. 

Como argumentó Jean Paul Sartre sobre los fascistas: “Ellos saben que sus comentarios son frívolos y susceptibles de ser cuestionados”. 

Pero se divierten a sí mismos, porque es su adversario es quien está obligado a usar las palabras con responsabilidad, ya que él sí cree en las palabras.

Reconocer la amenaza del fascismo Estadounidense no debe hacernos perder de vista el hecho de que los Demócratas han demostrado una y otra vez ser incapaces o no estar dispuestos a combatir esa amenaza fascista; de hecho, a menudo han apoyado sus esfuerzos en Congreso o directamente mediante la violencia patrocinada por el Estado contra los manifestantes y la detención masiva de personas indocumentadas para enviarlas a campos de concentración. El tiempo de “votar por el partido Demócrata sin importar quién sea el candidato” ya pasó; este es el momento de construir, de forma explícita e intencionada, la unidad entre todos los trabajadores, al margen de las instituciones burguesas. Solo nosotros podemos salvarnos a nosotros mismos. Como dijo Malcolm X en su famoso discurso “El voto o la bala”, el momento es ahora, no mañana, no en las próximas elecciones, sino ahora, para construir un frente unido que haga realidad las demandas de los trabajadores, no en los pasillos del poder, sino en las calles, en cada ciudad de este país.

Construyendo Una Verdadera Alternativa Para La Clase Trabajadora

Dadas estas circunstancias históricas y los desafíos que enfrenta la clase trabajadora estadounidense en la era del resurgimiento del fascismo, es fundamental que llevemos esta bandera unida de solidaridad contra el odio, en defensa de la verdadera democracia y del acceso universal a la atención médica, el empleo, la vivienda y las herramientas necesarias para vivir una vida digna, a cada rincón del país. Es tarea de los reformistas electorales concebir el país como dividido en “estados rojos y azules”. Por demasiado tiempo, la izquierda Estadounidense se ha limitado en ciudades urbanas y ha priorizado las campañas nacionales por encima de la organización a nivel local.

Dondequiera que haya reacción y odio, debemos estar presentes para oponernos con organización de la clase trabajadora, periodismo y ayuda mutua. 

En Orlando, Alabama, Nueva Jersey, la ciudad de Nueva York y otros lugares, el Partido Estadounidense de Labor ha logrado éxitos en la organización a través de alianzas con organizaciones locales de la clase trabajadora que promueven un programa nacional de democracia obrera y socialismo. Las organizaciones locales más fuertes transmiten la gran urgencia de nuestra plataforma a los trabajadores y los orientan con mayor precisión hacia las necesidades, preocupaciones y demandas de la clase trabajadora.

En esta era de estados electorales rojos, azules y morados, los comunistas deben cruzar intencionadamente esas fronteras. Sin embargo, para ello debemos estar dispuestos a hablar con la población local, abordar sus preocupaciones y estar dispuestos a educar y debatir con quienes mantienen posturas reaccionarias. La izquierda Estadounidense suele alabar rápidamente el labor del Partido Comunista de los Estados Unidos (CPUSA) durante el período de entreguerras cuando estaban organizando del sur y de las comunidades negras, pero en la práctica contemporánea a menudo renuncia la profunda lucha ideológica necesaria para lograr tales objetivos y se niega a abordar las contradicciones dentro de la clase trabajadora Estadounidense, llegando incluso a negar a veces la existencia misma de la clase trabajadora en los Estados Unidos. Para derrotar al fascismo, tenemos que enfrentarnos a quienes están influenciados por la fascistización de la política Estadounidense, dialogar con ellos y educarlos.

Ante el crecimiento del fascismo en los Estados Unidos, negarse a realizar el arduo trabajo de organización revolucionaria podría resultar un error fatal. Por esta razón, decimos que debemos derrotar el crecimiento del fascismo mediante la organización radical de la clase trabajadora, no solo a Trump, y no solo con campañas electorales cínicas, pragmáticas y “tácticas”. Por encima de todo, debemos amplificar el poder de los trabajadores del mundo, que se sienten impotentes y derrotados por las pólizas fascistas y el fanatismo anticientífico en 2020. Todos sentimos y vimos lo distanciada que se sentía la mayor parte del país, tanto la derecha como la izquierda, por el reciente debate. Este es el poder del movimiento socialista: convertir el descontento de la clase trabajadora en organización y poder. Una organización nacional de trabajadores, profundamente vinculada con organizaciones locales, puede, al igual que los movimientos revolucionarios del pasado, transformar radicalmente la sociedad y derrotar al fascismo de una vez por todas.



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